Aunque era negro y al principio dudé un poco de su procedencia, enseguida empecé a quererlo, jugaba todo el día con él, lo arropaba por las noches y lo dejaba descansar una vez que lo había alimentado, para que cogiese fuerzas y poder jugar al día siguiente.
Estábamos muy unidos, a menudo íbamos a la Av. Andalucía dónde los padres paseaban a sus hijos, y yo, hacía lo mismo, bueno más bien me lo llevaba a correr. La gente me decía que si estaba loco, que cómo me lo llevaba a correr siendo tan pequeño, pero yo le ponía todas las medidas de seguridad e iba siempre pegado a mí.
Así transcurrieron los días más felices de mi vida, hasta que el pasado viernes desapareció de mi lado. Habíamos salido los dos solos, sin Virginia, ella me advirtió que no me lo llevara, porque normalmente ella se quedaba al cuidado de él y no confiaba en que yo estuviese preparado para una responsabilidad así. No se equivocó, cometí el fallo de los primerizos, dejarlo 10 segundos a solas... cuando volví ya no estaba. Le busqué por doquier. Era imposible que se hubiese ido solo, tan pequeño e indefenso.
No cabía pues duda alguna, me lo habían secuestrado. Le llamé repetidas veces, pero era inútil, él todavía no hablaba y seguramente le habían puesto la mano de tal manera que no pudiera emitir sonido alguno. Desesperación, lágrimas, rabia.
Os pongo una foto de él a los 10 meses, si tenéis cualquier indicio de su paradero agradecería en el alma que me lo digáis.

Me dirijo ahora al secuestrador, por si te da por entrar en la página ya que estaba en mi móvil:
Sólo decirte que deseo que las ondas del móvil te provoquen un cáncer de tímpano hasta que se te caigan las dos orejas y ya sólo te sirva para ponerlo en vibrador y metértelo por el culo.
Pd: como veis, amigüitos, lo llevo bastante bien
